Mate

Me despierto temprano y me intentó levantar. El reto era no volverse a dormir, algo que de forma muy sencilla podía fallar.

Cargar la pava eléctrica con un poco de agua, poner el polvo del café en el tarro con filtro. Suena a mucho trabajo para estas horas de la mañana, podría decirse, mucho esfuerzo mental.

De la pava salía vapor, es una suerte que deje de calentar al hervir el agua, de otra forma, hubiese sido un desastre el momento que me volví a dormir por media hora. No fue mi culpa, del todo, mi cuerpo dejo de responderme cuando me senté en mi cama. Mi departamento es chico, no me puedo alejar de ella.
Tome la yerba de un tarro y la coloque dentro del mate. Es mucho trabajo usar la cuchara. Entonces había yerba en el piso, pero eso no sería un problema hasta más adelanté.por ahora, sólo quiero tomar mate.

Servir un poco de agua caliente, sobre la yerba, alrededor de la bombilla torpemente colocada. Sorber despacio la primer sebada. Sentir ese gusto amargó entrando en mi cuerpo, penetrando mis sentidos. Mi cabeza comienza a despejarse, mi estómago a calentarse. Mis ojos se abren mientras mi lengua siente ese gusto amargo, formado por una yerba de buena calidad, además de la madera del porongo, que a base de antiguos mates, fue adquiriendo un sabor particular.

Mi cuerpo lo pidió y mi mente asintió. Era hora de comenzar aquel día.