Fuego.

Acabado el vino comenzó la verdad. El recuerdo de una voz semejante a un tango se mezclaba, quizá, con la figura de este casi geminis que transitaba por su mente.
La electricidad que formaba aquellas verdades absolutas no se iba a detener tan fácil. Al contrarío, avanzaba y rompía lo que se ponía a su frente, como el fuego que se contenía dentro suyo y que con furia deseaba mojar todo cuanto lo rodeaba.
No le hubiese sido fácil describir en detalle la verdad o siquiera aquella pasión. Sus sentidos se encontraban nublados por el efecto ya conocido de lo que recorría su cuerpo.
Y era quizá eso mismo lo que evocaba su recuerdo. La intensidad con la que sentía que transitaba, era la pasión. La noción de que aquello no era mas que una fantasía, era la verdad.

Se vio entonces a si mismo perdido en la angustia y sin poderla reconocer. Preguntándose como tantas veces a donde debía ir, a quien debía seguir y por quien debía luchar.
Se paró, entonces, con decisión y camino hacia donde su pasión le indicó. Sin pensar, como en otras veces, sin quedarse a analizar, comenzó a andar.
Seguramente no sabría indicar cuanto tiempo le llevo o siquiera cuanta distancia recorrió, pero ahí llego, frente a la pasión y a ella se abrazo. Y ahí no se quedo. Sin pensar, avanzó.